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La fractura social alimenta la desconfianza institucional en Latinoamérica

Los elevados niveles de pobreza y las crecientes desigualdades en Latinoamérica son algunos de los factores que alimentan la alta desconfianza de los ciudadanos en sus gobiernos, que a su vez se ven carentes de respaldo para sacar adelante reformas.

Este es el panorama planteado por el secretario general de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), Ángel Gurría, en la décimo Foro Económico Internacional sobre América Latina y el Caribe en París.

“Tres de cada cuatro latinoamericanos tienen poca o ninguna confianza en sus gobiernos” y “casi el 80 %” los considera corruptos, 15 puntos más que en 2010, señaló Gurría, que alertó sobre una “desconexión” con los ciudadanos que “debilita el contrato social” y constituye “una trampa institucional”.

Ante esa situación -afirmó-, hay que continuar con reformas estructurales que permitan, sobre todo, una mayor competencia profesional de las personas, pero eso “no puede dar sus mejores frutas sin un andamiaje institucional sólido, confiable y eficiente”.
La secretaria general del Secretariado General Iberoamericano (SEGIB), Rebeca Grynspan, hizo notar que Latinoamérica “es una región que todavía no está infectada de forma mayoritaria por el virus del proteccionismo”.

No obstante, añadió que para que la apuesta de la región tenga éxito “el papel de Europa es fundamental”, con la finalización de los acuerdos de libre comercio pendientes e incluso con la ampliación de su campo de cobertura.

En una línea similar, pero con matices, el ministro francés de Economía y anfitrión del encuentro, Bruno Le Maire, dijo que frente a los movimientos proteccionistas “es más urgente que nunca construir un sistema comercial internacional equilibrado y justo”.

Tiene que estar basado -dijo- en la reciprocidad y garantizar, por ejemplo, que los gigantes de internet estén sometidos al mismo nivel de fiscalidad que cualquier otra empresa, y no con ventaja.

Los acuerdos

Le Maire señaló que los acuerdos de libre comercio que ahora negocia la Unión Europea con Latinoamérica ya tienen en cuenta los Acuerdos de París sobre el cambio climático, así como cláusulas sobre derechos humanos, que él querría ampliar a otras sobre reglas de gobernanza y de lucha contra la corrupción.

El ministro de Economía de la República Dominicana, Isidoro Santana, se mostró preocupado por “cómo se está tratando de romper el orden internacional creado después de la Segunda Guerra Mundial que resultó tan beneficioso para la humanidad (…), y que permitió salir a tanta gente de la pobreza”, declaró.

Aunque, sobre todo, se esforzó en subrayar que en términos de comercio, “no se ha planteado nada en absoluto que afecte a la República Dominicana” desde Estados Unidos, que es su principal socio comercial, y que quiere que lo siga siendo.

La secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), Alicia Bárcena, vinculó los ataques al multilateralismo con el hecho de que en los últimos años la globalización ha debilitado a los Estados y fortalecido a las multinacionales.

Bárcena, en cualquier caso, hizo hincapié en la convicción de los latinoamericanos de que la multilateralidad es esencial para resolver problemas como la lucha contra la evasión fiscal.

Además, fue la que introdujo la nota más iconoclasta de los ponentes, al pronunciarse por la legalización de las drogas, por interés de Latinoamérica.

Se trata, según las explicaciones de la mexicana, de regular así la ilegalidad de un mercado negro que impide a la juventud de la región acceder a un verdadero mercado del empleo. EFE

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