Opinión

La Otra Cara del Coronavirus

Por: Virginia Padilla

Hoy vamos a ver otro lado del coronavirus, la otra cara de la moneda, obviamente sin restar importancia a lo que está pasando. Muy por el contrario, debemos seguir motivando a quedarnos en casa, es la única manera de evitar la propagación de esta pandemia.

Debemos reconocer que se trata de algo muy serio, un problema real. Una circunstancia quizás poco imaginada por la mayoría, que sorprendió a casi la totalidad de la humanidad, afectando la salud de muchos y poniendo en riesgo la vida de todos.

No podemos negar que el coronavirus está afectando y dejará por un buen tiempo secuelas en las finanzas, como ésta se pueden citar un sin número de consecuencias negativas, las cuales están saturando a las personas de negativismos.

Es de sabios seguir las recomendaciones de las instituciones y organismo, tanto nacionales como internaciones, acreditados para hablar del tema.

Pero esto no queda aquí; de las peores adversidades debemos siempre buscar las enseñanzas y el aprendizaje. Por eso hoy quiero que hagamos un alto en nuestras vidas y reflexionemos juntos sobre cuáles podrían ser las áreas de crecimiento que pudieran suscitar una situación como esta, la cual muchos quisiéramos evitar, evadir y no vivirla.

Para contextualizar, sería prudente reflexionar y evaluar por donde andaba la humanidad. Los humanos andábamos en un mundo muy rápido, queríamos todo de una manera tan fácil. Esta
cuarentena nos ha obligado hacer una parada en nuestras vidas, es como si nos dijera, o peor aún nos obligara a frenar todo lo que conocemos para mostrarnos un mundo nuevo y mejor.

Debemos aceptar que nos acostumbramos a lo rápido, a la inmediatez al efecto microondas, el querer las cosas para ayer, ni siquiera para hoy. Nos dejamos llevar por la prisa de la época en la que vivíamos y esto nos llevó a desarrollar la impaciencia, incluso la intolerancia.

Andábamos por la vida sin pararnos, sin analizar si nuestras acciones dañaban el medio ambiente, si afectaban el ecosistema, peor aún, ni siquiera nos deteníamos a ver si nuestras actuaciones afectaban a nuestros seres queridos y muchos menos a quienes estaban a nuestro alrededor.

Vivimos en un mundo lleno de competencias por las apariencias, presumiendo nuestro progreso basado en lo material por encima del desarrollo interpersonal.

Estas reflexiones estarían incompletas, si no mencionamos que sin darnos cuenta nos dejamos envolver por el sistema, en un mundo cargado de estrés.

Empezamos a preocuparnos por cosas simples como: si me miraste mal, si no tengo suficientes seguidores en las redes sociales, so si quede mal en la foto que subí.

Invertimos los valores, dando mayor preponderancia a lo económico, al lujo y a las posiciones, poniendo lo superficial por encima de lo sublime.

Nos convertimos en pocos solidarios y porque no hasta egoístas, pensando solo en el “yo mismo”, en mis propios intereses, sin advertir como esto perjudica a los demás.

Alcanzamos tantos avances tecnológicos que nos creímos inmortales y todo poderosos, pensando que la humanidad era invencible. Hoy temblamos ante un virus que ni siquiera podemos ver a simple vista.

Hoy nos obligaron a hacer un stop en nuestras vidas o a lo que conocíamos como vida. Que este freno a ese tren desbocado de nuestras existencia nos sirva para encontrar un equilibrio, que todos podamos escribir un antes y un después del coronavirus.

En este tiempo nos estamos reencontrado con lo simple, pero más bello y valioso, estamos anhelando poder volver a los besos, abrazos, caricias, sonrisas y las miradas cercanas.

Hoy empezamos a revalorizar a nuestros envejecientes, que hasta hace poco muchos teníamos olvidados.

Hoy valoramos la educación y la oportunidad de recibirla.

Hoy estamos frente a una situación que puede causar incertidumbre, pero hemos compartido y llorado juntos como familia.

Hemos acompañado a nuestros hijos en sus asignaciones escolares, cuando hace solo una semana ni teníamos tiempo para hablar.

Vemos con alegría como disminuye la contaminación en el mundo y como los animales se pasean con mayor libertad.

Hoy prima la solidaridad, la empatía y el altruismo en muchas personas que están donando de su tiempo, dinero, talentos y conocimientos, para ponerla al servicio de la comunidad.

Los corazones están siendo removidos, están resurgiendo y aflorando otras emociones que nos enseñan que no solo hay oscuridad en medio de esta tormenta que nos afecta a todos.

Hoy valoramos una cena sencilla junto a nuestros seres amados. Hoy quisiéramos salir y ver la luna iluminando los parques de la ciudad, caminar sobre la arena, sentir su textura y oler el aroma del mar.

Hoy la vida, nos da la oportunidad de reinventarnos. Debemos analizar quienes éramos, quienes somos, pero sobre todo quienes seremos después de esto.

Hay varias opciones para no salir destruidos, sin que el miedo y la incertidumbre nos arrastren. Prefiero pensar que elegiremos la opción de salir fortalecidos, siendo mejores persona, trabajando para ser una mejor versión de nosotros mismos.

Nos dimos cuenta que somos frágiles, que dependemos de Dios y lo necesitamos.

Vamos a valorar este tiempo para crecer, hacernos más fuertes y volvernos más creativos.

Debemos recordar que esto, como todo, tiene un principio, un intermedio y un final.

Hoy podemos quedarnos con el miedo, el temor y la incertidumbre, o por el contrario, abrazarnos a la oportunidad de crecer y aprender de esto.

Tomando consciencia de lo real, buscando un propósito para la vida, ayudando a los demás, siendo empático, agradeciendo y viviendo el presente, pero mirando al horizonte, que nos muestra un mejor futuro. Construyendo en esta etapa nuestra mejor versión

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