Salud

Proteínas permiten rastrear el consumo de leche en la antigüedad en África

Madrid, España.- Un equipo internacional de científicos ha analizado las proteínas conservadas en trozos de cálculo dental antiguos, un método que ha ayudado a trazar la compleja historia del consumo de leche en la antigüedad en África que hasta ahora había resultado casi imposible de investigar.

Gracias a la proteómica, que permite analizar pequeños trozos de proteínas conservadas en materiales antiguos, los arqueólogos han podido estudiar proteínas específicas de la leche acumuladas en el cálculo dental o sarro, que se forma cuando la placa no se elimina de manera efectiva y acaba calcificada con el tiempo.

En la antigüedad -al no haber cepillos de dientes-, las personas desarrollaban mucho sarro que, ahora, es una mina de oro de información sobre las dietas antiguas, ya que la placa a menudo atrapaba las proteínas de los alimentos y las conservaba durante miles de años.

El estudio, publicado hoy en Nature Communications, ha sido liderado por investigadores del Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia de la Humanidad de Jena (Alemania) y de los Museos Nacionales de Kenia (NMK) de Nairobi (Kenia).

El equipo analizó el cálculo dental de 41 individuos adultos de 13 antiguos yacimientos de pastores excavados en Sudán y Kenia y recuperó las proteínas de la leche de 8 individuos.

«Algunas estaban tan bien conservadas que fue posible determinar de qué especie animal procedía la leche. Y otras tenían muchos miles de años, lo que apunta a una larga historia de consumo de leche en el continente», afirma la autora principal, Madeleine Bleasdale.

Las primeras proteínas lácteas halladas del estudio se identificaron en Kadruka 21, un cementerio de Sudán de hace unos 6.000 años.

Además, en el cálculo dental de otro individuo del cementerio adyacente de Kadruka 1, de hace aproximadamente 4.000 años, los investigadores también identificaron proteínas específicas de leche de cabra, que es «la primera prueba directa hasta la fecha del consumo de leche de cabra en África», comenta Bleasdale.

«Es probable que las cabras y las ovejas fueran fuentes importantes de leche para las primeras comunidades de pastores en entornos más áridos».

El equipo también descubrió proteínas lácteas en el cálculo de un individuo de la colina de Lukenya, un antiguo yacimiento de pastores del sur de Kenia de hace entre 3.600 y 3.200 años.

La investigación también analizó la singular evolución de la persistencia de la lactasa en África, un aspecto vital para entender cómo los genes y la cultura pueden evolucionar juntos.

Normalmente, la lactasa -una enzima necesaria para que el organismo digiera la leche- desaparece después de la infancia, pero en algunas personas su producción persiste hasta la edad adulta; en otras palabras, estos individuos tienen «persistencia de lactasa».

En los europeos hay una mutación principal relacionada con la persistencia de la lactasa, pero en diferentes poblaciones de África hay hasta cuatro, una diferencia que los biólogos no sabían explicar.

Sin embargo, al combinar los hallazgos de los individuos antiguos que bebían leche con los datos genéticos obtenidos de algunos de los antiguos individuos africanos, los investigadores determinaron que los primeros bebedores de leche del continente carecían de la adaptación genética que apoya el consumo de leche en la edad adulta.

Para los autores del estudio, esto sugiere que el consumo de leche creó las condiciones que favorecieron la aparición y propagación de la persistencia de la lactasa en las poblaciones africanas, «un maravilloso ejemplo de cómo la cultura humana ha remodelado -a lo largo de miles de años- la biología humana», destaca la directora del Max Planck, Nicole Boivin.

Pero, ¿cómo es que la gente de África bebía leche sin la enzima necesaria para digerirla? La respuesta puede estar en la fermentación: los productos lácteos, como el yogur, tienen un menor contenido en lactosa que la leche fresca, por lo que los primeros pastores podrían haber procesado la leche para obtener productos lácteos más fáciles de digerir, concluye el estudio.

EFE

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